Tú puedes devolver lo que la naturaleza te da

Es una mañana cálida, un domingo relajado, despiertas, sientes como te pesan los párpados, te tambaleas hasta el baño y abres la llave del lavabo. Sale con la presión perfecta un agua cristalina y fresca, te mojas la cara y abres los ojos con fuerza. Como siempre. Es tan ordinario, tan normal que no te preguntas de donde viene esta agua tan pura, pero hoy sí, hoy te lo preguntas. ¿Cómo llegó hasta aquí? ¿cuanto tiempo tardó en llegar? La lluvia cayó sobre montañas, se infiltró lentamente en el suelo, recorrió capas de roca durante años y terminó almacenada en acuíferos que hoy llegaron hasta ti. Para despertarte esta mañana. Hoy sí te lo preguntas. 

Hoy mientras inhalas, piensas en esos árboles que capturaron carbono, recuerdas a esas abejas polinizadoras, en los bosques que refrescan el aire, hoy piensas en tu lugar en la tierra. En cómo la naturaleza trabaja para nosotros todos los días sin enviar una factura. En qué puedes devolverle. 

Inundaciones y sequías

En Tepoztlán Morelos, caen al año 1384mm de agua de lluvia, hay cascadas, ojos de agua, verdes montañas, flores y abejas. En verano. El resto del año enfrentamos severas crisis de escasez de agua. Algunos tienen el privilegio de poder almacenar el agua todo el año, construyendo cisternas enormes, sin embargo muchos otros dependen totalmente de tandeos de agua potable que llegan una vez al mes. Esto impacta tanto a las comunidades locales, como al sector turístico. 

Muchas comunidades enfrentan una severa escasez de agua. Mientras algunas propiedades cuentan con grandes sistemas de almacenamiento capaces de garantizar el suministro durante gran parte del año, muchas familias dependen de tandeos que pueden llegar apenas una vez al mes. Esta situación afecta la vida cotidiana de las comunidades locales y también impacta directamente al sector turístico, una de las principales actividades económicas de la región.

La pregunta es ¿cómo puede faltar agua en un lugar donde llueve tanto? La respuesta está en la forma en que manejamos el agua.

Durante décadas hemos diseñado nuestros espacios para expulsarla lo más rápido posible. Techos, calles, estacionamientos y superficies impermeables conducen millones de litros hacia barrancas, drenajes y cauces temporales. El agua que antes se infiltraba lentamente en los bosques ahora abandona el territorio en cuestión de horas.

Cada lluvia intensa genera escurrimientos, erosiona los suelos y aumenta el riesgo de inundaciones en las zonas bajas. Paradójicamente, la misma agua que provoca inundaciones durante el verano es la que nos hace falta durante la temporada seca.

Cuando el agua no logra infiltrarse, los acuíferos no se recargan.

Y cuando los acuíferos no se recargan, los manantiales disminuyen su caudal, los pozos profundizan su extracción y las comunidades se vuelven cada vez más vulnerables.

En Tepoztlán enfrentamos un gran problema, que resolvemos cada año. 

Los bosques que rodean el pueblo de Tepoztlán funcionan como una infraestructura de captación hídrica. Las hojas amortiguan el impacto de la lluvia, las raíces estabilizan el suelo, la materia orgánica actúa como una esponja capaz de retener grandes cantidades de humedad y liberarla lentamente durante meses.

Cuando ocurren incendios forestales, parte de esta capacidad se pierde.

Los suelos quemados suelen volverse más compactos e impermeables. La lluvia deja de infiltrarse con la misma facilidad y aumenta el escurrimiento superficial. Esto significa menos agua para los acuíferos y más riesgo de erosión, deslaves e inundaciones. Cada incendio no solo afecta a los árboles. También afecta la disponibilidad de agua para toda la región.

El problema de almacenar y olvidarse del problema

Construir cisternas es una herramienta valiosa y muchas veces necesaria. Pero almacenar agua no resuelve por sí solo el problema.

De hecho, cuando la única estrategia consiste en captar y guardar agua para consumo privado, seguimos extrayendo recursos del ciclo sin devolverlos adecuadamente al territorio.

El objetivo no debería ser únicamente almacenar más agua.

Debería ser infiltrar más agua.

El agua almacenada eventualmente se utiliza. El agua infiltrada alimenta acuíferos, manantiales, vegetación y ecosistemas completos.

La diferencia es enorme.

¿Qué hacemos con el agua después de usarla?

Existe otra pregunta que rara vez nos hacemos.

¿Qué ocurre con el agua después de que sale por el drenaje?

En muchas viviendas, hoteles y desarrollos turísticos, las aguas residuales terminan saturando sistemas de tratamiento insuficientes o infiltrándose de manera inadecuada. Cuando esto sucede, los contaminantes pueden alcanzar barrancas, arroyos temporales e incluso los mismos acuíferos de los que obtenemos agua potable.

No basta con captar agua.

Tampoco basta con almacenarla.

Es necesario devolverla limpia.

Por ello cada vez son más importantes las tecnologías de tratamiento biológico, humedales artificiales, biodigestores y sistemas de reúso de aguas grises que permiten reincorporar parte del recurso al paisaje sin generar contaminación.

La naturaleza ya conoce la solución

Durante miles de años, los bosques de Tepoztlán lograron gestionar el agua sin tuberías, bombas ni infraestructura compleja.

La lluvia caía.

El suelo la absorbía.

Los acuíferos se recargaban.

Los manantiales mantenían su flujo.

La vegetación prosperaba.

La fauna encontraba refugio.

Todo formaba parte del mismo ciclo.

Quizá el reto no sea inventar nuevas soluciones.

Quizá el reto sea recordar cómo funcionaba el sistema antes de que comenzáramos a interrumpirlo.

Porque el agua que llega a nuestras casas no desaparece cuando abrimos una llave.

Forma parte de un ciclo mucho más grande del que dependemos todos: comunidades, bosques, animales y futuras generaciones.

La verdadera sostenibilidad no consiste en apropiarse del agua.

Consiste en devolverla al territorio en mejores condiciones de las que la encontramos.